Aquel cuento popular que nos leen cada cuatro años ha vuelto a crear ilusiones dentro de la mente de millones de peruanos; el personaje principal, Sergio Markarián, arribó hace poco más de un mes y desde su llegada se encargó de contarnos la parte inicial de esta historia, los personajes y sus planteamientos.
Desde la década de los 90, Markarián nos hechizó cuando se hizo cargo de Universitario que, fuera de una posición cómoda en la tabla, resultó campeón en el 93, luego llevó al Sporting Cristal a ganar el campeonato descentralizado, pero ese triunfo no le bastó, al año siguiente llevó al equipo rimense a jugar la final de la Copa Libertadores de América donde salió subcampeón de la competencia de fútbol más importante a nivel sudamericano en el 97.
Su encanto sobrepaso fronteras y luego de su exitoso paso por el Perú clasificó a la selección paraguaya en las eliminatorias para el mundial Corea Japón 2002, también fue campeón en Grecia, Paraguay y Chile.
Este mago, dueño de un sentimentalismo excesivo, parece ser el técnico idóneo para Perú, no solo por los títulos ya mencionados sino también porque a diferencia de otros técnicos, es un conocedor de primera mano de nuestro fútbol, sobre todo de la aguda crisis que atraviesa desde hace décadas y es consciente de que el problema del fútbol peruano no es solo dirigencial sino que involucra a todos, entrenadores, jugadores, afición, y como no, a la tan efusiva prensa y sus a veces sofocantes preguntas.
Markarián tiene todo un reto por delante, considerando que Perú quedó último de Sudamérica en la última eliminatoria futbolística; este desafió exige un borrón y cuenta nueva que renazca las ilusiones de ver al Perú en su primera copa del mundo luego de 32 largos años.
Muchos rogamos porque este prolongado acto de magia, tenga un desenlace feliz, pero por lo pronto lo que más queremos son hechos reales, luego habrá tiempo para soñar.
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